jueves, 28 de abril de 2016

#10

Definitivamente creo que esta asignatura ha hecho que me convierta en una persona más triste.

Siempre me habían dicho que en la ignorancia radica la felicidad, y que si tenías conocimiento eras incapaz de ser feliz. Pues así supongo que es. No me malinterpretes, yo antes sabía, pero no lo pensaba demasiado.

Llevo un año y un par de meses siendo vegetariana, pero con Elizabeth Costello ha aflorado esa rabia que tenía contenida, simplemente porque no alcanzo a entender al personaje y sus valores morales. No creo que esté en condiciones de predicar alguien por los derechos de los animales mientras defiende libremente el hecho de llevar botas de piel. Claro, yo no tengo nada de ropa que provenga de un animal, pero sí uso champú, sí uso pasta de dientes, desodorante, tengo ropa que igualmente ha sido cosida en talleres (quizá clandestinos) con condiciones inhumanas dirigidos por el Imperio Inditex. Y me da tanta rabia pensar en todo el mal que hay y cómo contribuimos con ello. Me da tanta rabia que estemos acomodados en todo esto, porque así no va a cambiar. Porque cada vez pierdo más la fe en la humanidad. Porque no sé cómo acabar con esto y vencer esta lucha moral. Porque me siento una hipócrita en todos los niveles.

Con Oscuro Bosque Oscuro comprendí que el mal está dentro de todos nosotros, y que nosotros somos quienes lo dejamos salir. Entiendo que todos tenemos una parte 'deshumanizada' dentro de nosotros, que puede salir en situaciones extremas. Pero también tenemos una razón que nos debe guiar y controlar en esos momentos. Me da miedo cómo el hecho de que un creador de muñecas pueda acabar matando en la guerra. Me da miedo la raza humana.

Me da miedo pertenecer a ella.

Con Angélica aprendí la (dolorosa) realidad de muchas mujeres. De mujeres que luchan contra el daño que se les es causado, que luchan contra su raza, que luchan contra el género opuesto. Me duele todo de pensar que mientras el mundo está despierto y cada uno sigue con su vida de manera normal, la vida de una mujer se apaga a manos de un hombre. Me duele pensar en todas las mujeres asesinadas que no salen en televisión, que mueren todos los días, que luchan todos los días. Me duele ver cómo a las que sí se muestran en televisión son reducidas a números. 43 víctimas en lo que llevamos de año, 52, 66. Números, con los números no duele. Pero tienen historia. Tenían una vida detrás.
Aunque ya no.

Con Sarah Kane aprendí a darme cuenta de que ya nada nos sorprende. Hemos asimilado tanto la cultura del espectáculo que ya nos da igual la violencia televisada, el sexo, la sangre, nos da igual todo porque estamos acostumbrados (aunque doy gracias a la película La Habitación por devolverme la esperanza sobre que todavía podemos asombrarnos con cosas en la vida). Pero sobre todo aprendí más dolor. Leer Psicosis 4.48 ha sido una de las peores ideas que he tenido nunca (y a la vez una buena idea, supongo) porque ha sacado a flote muchas cosas que tenía escondidas, que creía que no tenía. Me da mucho miedo pensar la cantidad de gente triste que anda por el mundo. Que viene a este mundo deseando marcharse de él; ésta es la señal más evidente de que algo estamos haciendo mal.
Estamos haciendo todo mal.

Cuando voy por la calle me gusta mirar a los niños pequeños, me inspiran simpatía, pero al final siempre me pongo triste porque temo por ellos. ¿Cuántas guerras habrá en el mundo cuando lleguen a tener mi edad? ¿Por cuánto habrán tenido que pasar?

No entiendo a los humanos. Por mucho que lo intento (y supuestamente he asumido la oscura naturaleza humana) no me cabe en la cabeza la idea de que el hombre puede llegar a ser tan malvado. No entiendo cómo si estamos en este planeta por pura casualidad tenemos que destruirlo (y destruirnos de este modo). Porque cuando me paro a pensarlo me duele la barriga. Porque dicen que somos polvo de estrellas y es porque antes todo esto no era nada y sólo había estrellas y murieron y ahora estamos nosotros, somos un componente más del universo, de la existencia, y nos estamos encaminando hacia el fin. No se trata de disfrutar la vida como símbolo de gratitud hacia la casualidad de la existencia, pero si fuimos creados (no por un Dios ni entidad ordenadora, creados simplemente, por células que se unen y forman órganos y forman aparatos y forman un cuerpo) con un cerebro y la capacidad de razonar no comprendo por qué se usa dicha capacidad para crear el mal. No debemos existir por el mero hecho de existir, dar las gracias y continuar con nuestra existencia por inercia, no. O sí, sinceramente ya no lo sé. Ya no sé si existir es algo irrelevante o no, principalmente porque estoy convencida de que la mayoría de nosotros pasa por este mundo sin dejar huella alguna, somos hormigas. En realidad somos peores que las hormigas porque nos damos cuenta de que somos hormigas.

Odio a Sartre porque tiene razón. Ya hasta me contradigo y me da igual, porque simplemente no lo entiendo y creo que no estoy preparada para entender (mi salud mental no está preparada para entender). Quiero esforzarme en creer que podemos hacer algo bueno en la vida, que la existencia está aquí para usarla, pero si la vida es una casualidad, la existencia es una casualidad, por lo que no tiene propósito ni destino ni tiene fin ni tiene nada. Es vacío.

Es el salto a la náusea.


 “Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. Creo que hay quienes han comprendido esto. Sólo que han intentado superar esta contingencia inventando un ser necesario y causa de sí. Pero ningún ser necesario puede explicar la existencia: la contingencia no es una máscara, una apariencia que puede disiparse; es lo absoluto, en consecuencia, la gratuidad perfecta. Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar... eso es la Náusea”.

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