lunes, 11 de abril de 2016

#8

            Litoral nos habla de cómo Wilfrid realiza un viaje. Pero no solamente un viaje literal, sino un viaje iniciático. En su camino, viaja hacía lo profundo de sí mismo, a la vez que realiza el viaje externo, hace un viaje interno hacia su interior. Relata los resultados desoladores de la guerra del Líbano; de cómo él, acomodado en Europa, hace un viaje hacía sus raíces, descubriendo lo olvidado, lo perdido.

            Wilfrid quiere enterrar a su padre, pero no un entierro cualquiera, quiere encontrar un sitio adecuado para él, quiere darle una sepultura digna en su país natal. El litoral es una división, una frontera entre opuestos: entre la vida y la muerte, es el abismo. Realmente, en esta obra, esa frontera, ese límite, está siendo traspasado. Los muertos y los vivos, la fantasía y la realidad, todo convive en un mismo sitio. Esto genera una serie de situaciones que nos recuerdan a lo que hacía Dante en su Divina Comedia, creando situaciones grotescas. De este modo, Litoral simboliza a su vez la ruptura de las fronteras. El litoral, el mar, es el lugar donde finalmente Wilfrid deja a su padre. En la eternidad. 

            Wilfrid, en sí, realiza una Odisea; él es nuestro Ulises. El texto de Mouawad está repleto de referencias a la mitología, y esta no puede pasar desapercibida. Wilfrid es nuestro héroe tratando de darle sagrada sepultura a su padre. Es su forma de honrarle, ya que no puede enterrarlo junto a su madre. En su viaje, se encuentra con diversos individuos, que de un modo u otro le ayudan, conversan con él y le acompañan. Aquí se ve clara la ley de la hospitalidad (compañeros es compartir el pan), que perdura en su tierra natal a pesar de estar en guerra. Esto está reflejado también en la Odisea: al pasar Ulises por distintos pueblos, los habitantes están obligados a darle de comer, pues no hacerlo es pecado. Así, con la idea de viaje y la de hospitalidad, podemos establecer conexiones y similitudes entre la historia de Wilfrid y la de Ulises.

            Al avanzar la trama, como he mencionado anteriormente, se nos van presentando diversos personajes. Estos personajes perdidos, se unen, narrando poco a poco sus tragedias, logrando sus catarsis peculiares y personales.

             Uno de ellos es Wazaam, que podemos identificar con un 'chamán', si se tratase de una tribu, pero como estamos estableciendo una relación con la mitología, se asemeja más a un adivino, concretamente a Tiresias. Tiresias fue un adivino ciego de la ciudad de Tebas, y suele aparecer en la mayoría de las historias que se cuentan sobre Tebas. Además, lo conocemos porque fue el que reveló la verdad a Edipo, aparece en la Odisea y en la historia de Antígona. Estas tres historias clásicas aparecen en la obra de Mouawad de una forma u otra, por lo que Tiresias, disfrazado de Wazaan, es una forma de conectarlas todas. A parte de adivino, se le conocía como mediador entre hombres y mujeres, pues este es el papel que representa ahora Wazaan en nuestra historia. Ambos son ciegos, y en cierto modo, la ceguera siempre está representada para reflejar una visión más clara y verdadera de las cosas, por eso cuando este personaje es introducido, el título de la escena es: El ciego que lee en plena noche. En este mismo capítulo, este personaje, también hace referencia a otra historia clásica: la de Aquiles. Aquí Wazaan adopta la voz de Príamo, padre de Héctor. Es un grito desesperado hacia Aquiles, para que tenga piedad de el hombre que ha asesinado, su hijo Héctor. Todo esto conecta también con la idea de una sepultura sagrada y digna, y la relación padre-hijo que se trata en la obra: 'Acuérdate de tu padre, Aquiles semejante a los dioses, y escucha mi quejido. Yo tenía un hijo que nos protegía a mí y a nuestra ciudad, ayer lo mataste. Era Héctor. Y por él, hoy llego a las naves de los aqueos para reclamar su cadáver. Respeta a los dioses Aquiles, ten piedad de mí y acuérdate de tu padre.'

            Tras esto, un nuevo personaje es introducido: Simone. Es una mujer que canta y grita: 'En el cruce de caminos, ahí puede estar el otro!'. En varias ocasiones es descrita como: '[...] dicen que eres fea, gorda, que eres tonta y mala. [...] También la gente me decía que eras una viciosa, porque cantabas a todo pulmón. [...] Y la gente me lo repitió: ¡la chica del pueblo de arriba, con su voz, hace que la gente se pierda!.' Esta descripción es bastante literal y nos recuerda sin ninguna duda a las sirenas. Mujeres mitad pájaro mitad humana, que cantaban para atraer a los marinos hacia las rocas para causarles su muerte, y que irremediablemente, se volvían locos. Así pues, Simone se convierte en la representante de las sirenas en nuestra historia.

            Siguiendo con esta idea del cruce de caminos, que Simone canta, nos es presentado otro personaje: Amé. La relación de este personaje con la mitología es bastante clara: se trata de Edipo. Principalmente, él se encuentra en el cruce de caminos. Además, conforme avanza la historia, descubrimos que su padre está muerto, y que además, él fue quien le mató: 'Sí, lo maté. A mi padre. Lo mate en la oscuridad. [...] Porque no lo reconocí. No reconocí el rostro de mi padre. [...] Regresaba al final de la noche y vi a un hombre encapuchado; dio un paso hacia mí, levantando un brazo. Disparé. ¡Me lancé, cuchillo en mano, a la garganta, luego al flanco y para acabar tres golpes al corazón! [...] Mi madre me vio de lejos y al verme se puso a gritar, a llorar, se puso a correr, loca, sorda a las llamadas... [...] Se precipitó hacia el abismo y se aventó.' Esto relata, de casi una manera evidente, la tragedia de Edipo Rey, que asesinó a su padre en un cruce de caminos, sin darse cuenta de que era él, y después se acostó con su madre.

            La lista no acaba aquí, sino que nos encontramos con otro personaje que también hace referencia a la mitología y a las tragedias clásicas: Antígona. En este caso se trata de Joséphine, un personaje que conocemos ya bien avanzada la novela. Este personaje es introducido relatando nombres, recita una y otra vez los directorios de nombres de los pueblos. Lo hace porque los cementerios están llenos, no caben más muertos, por lo que no pueden ser enterrados, y parece que si no tienen una sepultura digna y sagrada, no se puede pasar página. Por eso ella hace memoria de esos nombres. La memoria se necesita para enterrar las cosas que están mal enterradas. Con ese listado, nuestra Antígona hace referencia a todo esto, para que de alguna forma queden enterrados, y a la vez, se haga justicia. Por esto Wazaan, la llamó Antígona, aunque nuestro personaje no alcanzara a entender por qué.


            Finalmente, hay otra referencia, aunque no muy notoria al mundo mitológico. Hacia el final de la novela, en el capítulo El Horizonte, uno de los personajes hace mención a un mito: '¡Mira Wilfrid, nos bañamos, el agua estaba tan caliente! ¡Hasta Amé no pudo resistirse a su llamada y sumergió su cabeza en la espuma! Al enterrar a este cuerpo, estamos a punto de dale vuelta a la vida.' En este momento, iban a dejar al padre de Wilfrid en el mar, en el litoral, la división entre la muerte y la vida, pero decidieron bañarse, y se sintieron renacer en la espuma. Esto nos lleva al nacimiento de Afrodita, nacida de la espuma después de que Crono castrase a Urano. Con esto, volvemos a observar el contraste que se hace en la obra entre la vida y la muerte, pero a su vez, cómo ambas conviven, como si de un permanente litoral se tratase.  

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