lunes, 2 de mayo de 2016

#11

Desde pequeña siempre he querido ser escritora. Veía mágico eso de teclear y crear historias. Simplemente crear. Era mágico eso de que con un conjunto de letras y palabras crearas cosas de la nada, crearas personajes, historias, tramas, emociones, sentimientos. Podías crear lo que tú no eras, lo que querías ser pero no llegarías a ser nunca.  Podías escribir como querías que fuera tu alrededor, como querías que fuera la gente, como querías que te tratasen. Podías crear mentiras que parecieran reales. Porque eran reales.

Lo que me aterra a la hora de escribir son las decisiones. El 'cómo seguir'. Cuando llego a un punto de una historia y no sé qué rumbo tomar. Me da miedo elegir mal el destino de un personaje y llegar a escribir una historia que no quiero escribir, una historia que me decepcione. Por eso siempre me quedo atascada. Cuando llego a una encrucijada no soy capaz de resolverla, no soy capaz de decidir y no continúo. Me parece demasiada responsabilidad, parece que decido sobre la vida de alguien, de alguien que me pertenece. Mi personaje. Creo que debo dejar esto atrás. Empezar a decidir y crear historias de verdad. Dejar de tener miedo al resultado, pero pensar bien el camino.

Por eso supongo que me gusta más escribir que estar aquí. Aquí de verdad, como persona. Aunque también creo que la forma en la que escribo es como soy. No sólo a la hora de escribir, las expresiones que uso, mis ideas, no. La construcción, las decisiones. Así soy. No sé hacer decisiones. Bueno, no sé tomar decisiones. Las decisiones no las tengo que hacer, ellas están ahí, yo tengo que tomarlas. Pero no las tomo. Simplemente me dejo llevar. Supongo que ahí es donde se mezcla mi forma de escribir y mi forma de ser. Siempre me bloqueo ante las encrucijadas. No soy capaz de tomar decisiones importantes que me afecten, porque pueden cambiar mi vida y llevarme a un final decepcionante. Me convierto en un personaje de mi propia historia, y a la vez soy un narrador inseguro que no sabe hacia dónde dirigir la historia. No soy un narrador omnisciente, y eso me frustra. ¿Y cómo resuelvo esta encrucijada?


Supongo que debo empezar por resolver la literatura, y quizá en algún momento la ficción deje de superar a la realidad. 

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